
Combatir el hambre es posible, pero hacen falta políticas adecuadas basadas en dos pilares fundamentales: proteger a los vulnerables e invertir en la producción agroalimentaria de forma sostenible.
El informe The State of Food Security and Nutrition in the World 2026 (SOFI) confirma una tendencia alentadora: el hambre global continúa disminuyendo por tercer año consecutivo. La prevalencia de subalimentación cayó del 8,6% en 2022 al 7,8% en 2025, lo que representa aproximadamente 645 millones de personas afectadas, 43 millones menos que en 2022.
Sin embargo, este progreso es profundamente desigual, y dos regiones destacan por sus avances sostenidos: Asia y América Latina y el Caribe.
La región ha revertido la tendencia negativa posterior a la pandemia, situando la prevalencia de hambre en el 4,8% en 2025, por debajo incluso de los niveles de 2015. El liderazgo lo ejerce:
Estos resultados reflejan la aplicación coordinada de dos pilares fundamentales: protección social dirigida a los más vulnerables (incluyendo programas de alimentación escolar) y atracción de inversiones para incrementar la producción y productividad agroalimentaria de forma sostenible. La moderación de la inflación alimentaria y el crecimiento económico regional han creado un entorno propicio para estos avances.
Asia ha consolidado una trayectoria de mejora sostenida, reduciendo la prevalencia de hambre del 7,9% en 2021 al 6,0% en 2025. El avance es particularmente notable en:
Como señala Máximo Torero, economista jefe de la FAO, estos avances se explican por “un mayor crecimiento económico, la moderación de la inflación de alimentos, la ampliación de la protección social y las inversiones sostenidas en sistemas agroalimentarios más productivos y resilientes”.
Por primera vez, África alberga el mayor número de personas que enfrentan hambre en el mundo: 309 millones en 2025, superando a Asia (292 millones). Aunque la prevalencia regional disminuyó ligeramente del 20,3% en 2024 al 20,0% en 2025, el crecimiento poblacional impide una reducción en términos absolutos.
Las diferencias subregionales son notables:
El informe señala que, por primera vez desde el lanzamiento de la Agenda 2030 en 2015, África mostró mejoras en 2025 en materia de inseguridad alimentaria moderada o severa. No obstante, la región enfrenta desafíos estructurales: conflictos prolongados, eventos climáticos extremos y vulnerabilidad a shocks macroeconómicos que limitan la sostenibilidad del progreso.
En América del Norte y Europa, la inseguridad alimentaria moderada o grave afectó al 8,7% de la población en 2025, una cifra muy inferior al resto del mundo. El hambre severa prácticamente ha desaparecido como problema generalizado.
Sin embargo, el informe SOFI documenta que la prevalencia de obesidad en adultos ha mostrado un aumento constante a nivel global, situándose en el 16,2% en 2024, una tendencia especialmente acusada en los países de ingresos altos.
La abundancia de alimentos procesados y ultraprocesados, junto con estilos de vida sedentarios, son los principales impulsores de esta epidemia en el mundo desarrollado, que contrasta con el hambre que persiste en otras regiones.
El informe revela que el coste medio mundial de una dieta saludable aumentó un 25% en cinco años, hasta 4,28 PPA dólares* por persona al día en 2025, frente a los 3,44 dólares de 2021 y los 2,94 de 2017. El número de personas que no pueden permitirse una dieta saludable ha disminuido, pasando de 2970 millones (37,4%) en 2021 a 2690 millones (32,7%) en 2025.
Esta mejora global, sin embargo, enmascara profundas disparidades regionales. En África, la asequibilidad empeoró notablemente: el 66,6% de la población no puede permitirse una dieta saludable, más del doble que en Asia y América Latina y el Caribe. En América Latina, el principal desafío son las verduras, que representan el mayor componente del coste de una dieta saludable en la región.
Según el informe, “el desafío no es producir suficientes calorías, sino hacer que los alimentos ricos en nutrientes sean más asequibles“. El documento señala que entre el 70% y el 75% del coste de una dieta saludable se genera después de que los alimentos salen de la granja, en transporte, almacenamiento, distribución y márgenes de intermediación.
El éxito de Asia y América Latina y el Caribe demuestra que reducir el hambre es posible cuando convergen tres elementos: políticas económicas que favorecen el crecimiento inclusivo, inversiones estratégicas en sistemas agroalimentarios resilientes, y redes de protección social bien diseñadas.
Para sostener y ampliar estos avances, el informe subraya la necesidad de:
Como concluye el informe, “la reducción del costo de una dieta saludable requiere intervenciones específicas según el contexto, no soluciones uniformes”. El camino hacia el Hambre Cero en 2030 depende de adaptar estas lecciones a las realidades de cada región, con especial urgencia en África, donde el progreso reciente debe consolidarse frente a múltiples crisis superpuestas.
*Paridad de Poder Adquisitivo: Tasas de conversión de divisas que buscan igualar el poder adquisitivo de diferentes monedas, eliminando las diferencias en los niveles de precios entre países. Permiten comparar costos, ingresos o precios entre países de manera más precisa que usando tipos de cambio de mercado.