
El Niño está poniendo en riesgo millones de vidas en el este y el sur de África, pero la ONU se está asegurando de que las comunidades estén mejor preparadas para hacer frente a su impacto.
Una agricultora en Zambia que no ha visto ni una sola cosecha de maíz.
Una madre en Somalia cargando a sus hijos enfermos a través del agua de las inundaciones.
Un bebé en Malaui, llorando porque se está muriendo de hambre.
Estas no son historias aisladas. Esto es lo que ocurre cuando llega El Niño.
El Niño es un patrón climático natural, un calentamiento periódico del océano Pacífico que altera el clima en todo el mundo. No es algo nuevo, ni está causado por el cambio climático, pero el cambio climático empeora su impacto. Los pronósticos señalan que El Niño se intensificará en los próximos meses y posiblemente se extenderá hasta principios de 2027.
Para millones de personas en el sur y el este de África, eso no es un simple pronóstico del tiempo. Es una advertencia contundente.
El Niño no golpea a todas partes de la misma manera. En el este de África, desde Somalia hasta Tanzania, suele significar demasiada lluvia. Inundaciones repentinas, ríos desbordados, deslizamientos de tierra, casas bajo el agua, caminos destruidos, clínicas y escuelas aisladas.
En el sur del continente, desde Zambia hasta Sudáfrica y desde Namibia hasta Mozambique, por lo general significa lo contrario: no hay suficiente lluvia, lo que implica que los cultivos fracasan, las fuentes de agua se secan y los pastos desaparecen.
Se trata de climas diferentes, pero el mismo resultado: las personas más vulnerables pierden las redes de seguridad que los mantienen con vida.
Esnart Chongani es una agricultora en Zambia. Dijo que la sequía de 2024 significó que su familia no cosechó nada de maíz. “No recuerdo nada igual”, dijo. “La gente tiene mucha hambre. La generosidad de nuestra comunidad ha desaparecido porque todos están luchando por sobrevivir”.
Martha Kalumbi, en Malaui, cuyo bebé fue hospitalizado por desnutrición, contó que una cosecha fallida dejó a su familia y a todos sus vecinos sin nada. “Mi bebé siempre estaba llorando. Los médicos me dijeron que se estaba muriendo de hambre y estaba desnutrido”, relató. “Tenía miedo de que mi niña muriera. La situación era muy dolorosa”.
Las inundaciones contaminan los suministros de agua, lo que aviva los brotes de cólera y otras enfermedades transmitidas por el agua. El agua estancada cría mosquitos, disparando los casos de malaria.
Las personas pierden sus hogares y son desplazadas, a veces para siempre. En Somalia, una madre de nueve hijos llamada Asha Mohamed fue expulsada de su hogar por las inundaciones de 2023. “La vida se volvió muy difícil después de las inundaciones”, dijo. “Mis hijos se enfermaron y no tenía dinero para comprar medicinas o llevarlos a un centro de salud adecuado”.
Cómo la ONU se está adelantando a El Niño
La buena noticia: El Niño se puede predecir con meses de antelación. Eso les da a las agencias humanitarias una ventaja inusual, y la están aprovechando.
Como resumió el responsable de la Oficina de Coordinación de la Ayuda Humanitaria, Tom Fletcher: “La elección es clara: podemos esperar al desastre o podemos invertir en resiliencia”. Para las comunidades que ya han pasado por esto una vez, esa ventaja inicial podría marcar la diferencia entre la vida y la muerte.